martes, 22 de septiembre de 2020

HABLAR Y ESCRIBIR EN POSMODERNO




Cómo hablan los posmodernos


Joaquim Prats. Publicado en Escuela 

“Los oscurantistas son individuos que quieren apagar las luces para robar (...). La amalgama de tres cuartos de tonterías y un cuarto de ocurrencias corrompidas que estos hombres difunden (o más bien venden, a todos los efectos) como filosofía, puede sin lugar a dudas embaucar durante cierto tiempo la niaserie de algunos contemporáneos (…), mas no puede ocupar seria y permanentemente el lugar de la filosofía”. Esta frase  de  A. Schopenhauer se puede aplicar al estilo lleno de falsos tecnicismos y complicadas estructuras sintácticas (cuando no de palabras inventadas) con las que muchos autores de las corrientes posmodernas nos han obsequiado en las últimas décadas.

Algunos veníamos ya preparados (que no entrenados) cuando nos deshilvanábamos el cerebro para entender a los pioneros en la complicación lingüística como los postestructuralistas, especialmente los marxistas. Leíamos “Para leer El Capital” de Balibar y Althuser, libro que era bastante más complicado que el mismo Capital de Carlos Marx. Escuché en una oposición a una catedra de sociología que, al parecer, los autores de este prontuario de introducción al marxismo no habían leído la obra de Marx, quizá eso explicaba la evidente confusión del famoso libro de Althuser.

Para nota era Lacan; mientras que sus defensores afirmaban que dio rigor científico al psicoanálisis, para sus detractores fue un auténtico charlatán. Recuerdo las profundas ojeras y semblante perplejo de mis compañeros cuando libraban sus primeros combates con las obras del escritor francés. Combates en el que es posible que se produjesen heridas psicológicas irrecuperables. Algunos más prudentes compraron algunos de los libros que se titulaban algo así como “para entender a Lacan”. Por lo visto, estos mismos libritos introductorios ya eran un reto para los esforzados recién licenciados de mi generación. Y es que Lacan era el adalid del hablar oscuro.

Al parecer, el peculiar estilo lacaniano respondería a la estructura misma del inconsciente, evidentemente de un inconsciente muy alambicado. Además, Lacan, como nos explica A. Sokal, tenia una peculiaridad que le ha hecho relumbrar entre los más insignes disertadores de esta tendencia. Se trata del interés por los números imaginarios, que parece confundir con los irracionales; algunos cálculos "algebraicos" hacen comentar a Sokal que Lacan "se burla del lector", cuando escribe fragmentos como el que sigue: "Es así como el órgano eréctil viene a simbolizar el lugar del goce, no en sí mismo, ni siquiera en forma de imagen, sino como parte que falta de la imagen deseada: de ahí que sea el equivalente de sqr(-1) del significado obtenido más arriba, del goce que restituye, a través del coeficiente de su enunciado, a la función de falta de significante: (-1)”. Sin comentarios.


Que las ideas sean expresadas de manera clara, buscando los conceptos más asequibles no es de recibo para un posmoderno. Resulta demasiado moderno y realista. El lenguaje posmoderno requiere de la oscuridad. Y si no se comprende bien, mejor. Por ejemplo, si a un posmoderno se le interpela en una conferencia diciéndole que no se ha entendido lo que ha expuesto, la respuesta del conferenciante será algo así como: “La inestabilidad de su pregunta me deja con varias respuestas con capas contradictoriales  cuya interconectividad no puede expresar la coherencia logocéntrica que usted busca. Sólo puedo decir que la realidad es más irregular y que sus representaciones son menos fidedignas de lo que el tiempo nos permite explorar”. ¿Alguna otra pregunta?” Así lo explica en un divertido artículo titulado: “Como hablar en posmoderno. Una guía útil y rápida” el profesor canadiense Stephen Katz. En su escrito nos ofrece, con gran sentido del humor, reglas para ser tomado como un posmodernista de tomo y lomo. Por ejemplo, si se quisiese decir que: “los edificios actuales son alienantes”, el aprendiz de posmoderno introduciría prefijos, sustituiría las palabras comprensibles por otras mucho más obtusas y difusas y, muy importante, añadiría  guiones,  diagonales y paréntesis. El resultado, dice Katz, podría ser algo así: “Las pre/post/espacialidades de la contra-arquitectónica hiper-contemporaneidad nos (re)compromete a una recurrencealidad ambivalente de antisocialidad/seductividad, un enunciado dentro de un discurso des/generizado-baudrillardeano de subjetividad  granulada”.

Viene al caso recordar aquí, en relación a los lenguajes oscurantistas, la frase de Popper: “La búsqueda de la verdad sólo es posible si hablamos sencilla y claramente, evitando complicaciones y tecnicismos innecesarios. Para mí, buscar la sencillez y lucidez es un deber moral de todos los intelectuales: la falta de claridad es un pecado y la presunción un crimen”-

Para ser justos debería aclarar que estas características no deben ser atribuidas a todo aquel que defienda las posiciones posmodernas, pero es que se debe reconocer que la expresión posmoderno resulta ambigua, resbaladiza y por momentos contradictoria según el autor que trate el tema; por ejemplo, no ayuda a precisar el concepto, la definición que ensaya el propio Lyotard: “Posmodernismo indica simplemente un estado de ánimo o, mejor dicho, un estado mental”.  La verdad: ¡menos mal que van de capa caída!




Joaquín Prats

martes, 15 de septiembre de 2020

EN RECUERDO DEL GRAN DIBUJANTE FER

 

EN RECUERDO DEL GRAN DIBUJANTE FER

 


Ha muerto a los 71 años de edad en gran dibujante José Antonio Fernández, conocido como FER. Era natural de Mansilla de las Mulas, población leonesa, aunque desarrolló toda su carrera profesional en Cataluña, siendo un auténtico barcelonés de adopción.








Lo conocí como profesor de historia en el Instituto Bernat Metge de Barcelona, en la Verneda. Dejó la enseñanza y se dedicó profesionalmente al dibujo satírico. Le encargué viñetas humorísticas para los manuales de historia que redactamos para el bachillerato en la editorial Anaya. También me ayudó a ilustrar el libro:  LA SECUNDARIA A EXÁMEN que edité en la editorial Proa. Su colaboración aportaba un toque de excelente humor en mis libros de texto y en los sesudos ensayos del libro de Proa, como puede verse en las ilustraciones de este post.

 






FER fue director y fundador de la revista satírica EL JUEVES y director de El PAPUS. Formó parte del selecto elenco de historietistas históricos con sus series 'Puticlú' e 'Historias Fermosas’. Trabajó también, entre otras cabeceras:  El Temps, Avui, Barrabás etc.







También editó varios recopilatorios como “Per aquí, per allà”(1996), “Adéu Presi” (2003), “Any d’estelades” (2012), “Any de sobres” (2013) y “Any de consulta” (2014), algunos sólo con historietas suyas y otros compartiendo publicación con dibujantes como Ferreres, Batllori, Kap, Farruqo, Ermengol o Napi.


Recuerdo sus conversaciones inteligentes, divertidas y su gran humanidad.

 

 

DESCANSE EN PAZ



 

domingo, 21 de junio de 2020

Qué se suprimió del Estatut de Catalunya


Qué se suprimió del Estatut de Catalunya



Observo que muchas personas señalan que el tribunal Constitucional "arrasó el ESTATUT DE CATALUNYA". Sin duda la expresión puede dar a entender que el grueso del estatuto fue suprimido. Independientemente del efecto político y moral que ha tenido esta acción jurídica-política sobre el devenir de los últimos años, conviene ofrecer una información que precise más y ayude a construir mejor las afirmaciones.

 Efectivamente, algunos artículos (14) fueron o suprimidos o rectificados en alguna de sus partes. La mayoría del estatuto, que contiene mas de 250 artículos,  no fue alterado y es totalmente vigente. La mayoría de las impugnaciones del PP (si no recuerdo mal afectaban a más de 60 artículos) fueron rechazas o como mínimo no alteraron el texto aprobado por todos los grupos del Congreso de Diputados (excepto el PP) y por la mayoría de los ciudadanos de Cataluña en referéndum.




Siguiendo una información de la catedrática de derecho constitucional de la UAB,  transcrito el fallo del TC y el enlace al texto completo de la sentencia. Sé que hay que estar un cierto tiempo dedicado a ello, pero antes de hacer afirmaciones que no se corresponden con la realidad, mejor ilustrarse.

FALLO 

En atención a todo lo expuesto, el Tribunal Constitucional, por la autoridad que le confiere la Constitución de la Nación Española, 
Ha decidido 
Estimar parcialmente el recurso de inconstitucionalidad planteado por más de cincuenta Diputados del Grupo Parlamentario Popular contra la Ley Orgánica 6/2006, de 19 de julio, de reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña y, en consecuencia, 

Declarar que: 

1.º Carecen de eficacia jurídica interpretativa las referencias del preámbulo del Estatuto de Cataluña a «Cataluña como nación» y a «la realidad nacional de Cataluña». 

2.º Son inconstitucionales y, por lo tanto, nulos: 
- la expresión «y preferente» del apartado 1 del art. 6; 
- el apartado 4 del art. 76; 
- el inciso «con carácter exclusivo» del apartado 1 del art. 78; 
- el art. 97; 
- los apartados 2, letras a), b), c), d) y e), y 3 del art. 98; 
los incisos «y con la participación del Consejo de Justicia de Cataluña» de los apartados 5 y 6 del art. 95; 
- el inciso «por el Presidente o Presidenta del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, que lo preside, y» del apartado 1 del art. 99; 
- el apartado 1 del art. 100; 
- el inciso «o al Consejo de Justicia de Cataluña» del apartado 1 y el apartado 2 del art. 101; 
- el inciso «como principios o mínimo común normativo en normas con rango de ley, excepto en los supuestos que se determinen de acuerdo con la Constitución y el presente Estatuto» del art. 111; 
- el inciso «los principios, reglas y estándares mínimos que establezcan» del apartado 2 del art. 120; 
- el inciso «los principios, reglas y estándares mínimos fijados en» del apartado 2 del art. 126; 
- el inciso «siempre y cuando lleven a cabo un esfuerzo fiscal también similar» del apartado 3 del art. 206; y 
-  el inciso «puede incluir la capacidad legislativa para establecer y regular los tributos propios de los gobiernos locales e» del apartado 2 del art. 218. 

3.º No son inconstitucionales, siempre que se interpreten en los términos establecidos en el correspondiente fundamento jurídico que se indica, los siguientes preceptos: el art. 5 (FJ 10); el apartado 2 del art. 6 [FJ 14 b)]; el apartado 1 del art. 8 (FJ 12); el apartado 5 del art. 33 (FJ 21); el art. 34 (FJ 22); el apartado 1 y el primer enunciado del apartado 2 del art. 35 (FJ 24); el apartado 5 del art. 50 (FJ 23); el art. 90 (FJ 40); los apartados 3 y 4 del art. 91 (FJ 41); el apartado 2 del art. 95 (FJ 44); el art. 110 (FJ 59); el art. 112 (FJ 61); el art. 122 (FJ 69); el apartado 3 del art. 127 (FJ 73); el art. 129 (FJ 76); el art. 138 (FJ 83); el apartado  3 del art. 174 (FJ 111); el art. 180 (FJ 113); el apartado 1 del art.183 (FJ 115); el apartado 5 del art. 206 (FJ 134); los apartados 1 y 2, letras a), b) y d) del art. 210 (FJ 135); el apartado 1, letra d), del art. 222 y el apartado 1, letra i), del art. 223 (FJ 147); el apartado  1 de la disposición adicional tercera (FJ 138); y las disposiciones adicionales octava, novena y décima (FJ 137). 

4.º Desestimar el recurso de inconstitucionalidad en todo lo demás.


Aquí la decisión, distinguiendo entre lo que se declara anticonstitucional y la parte interpretativa de la sentencia. No son 10 artículos "tumbados". Lo que se declara inconstitucional  son un artículo y una serie de apartados y/o incisos en una docena de artículos en un Estatuto que tiene más de 250 artículos. El resto es sentencia interpretativa, es decir, de orientación en la interpretación, además de coroborar lo que es doctrina general acerca de que los preámbulos no tienen efectos jurídicos directos y, como sí los tienen interpretativos, se desposee de tal carácter a las referencias que se contienen en el del Estatut sobre "Cataluña como nación" y "realidad nacional de Cataluña".



Para un estudio minucioso de todo ello, el libro del Prof. Dr. José Carlos Remotti, Ed. J:M: Bosch, Barcelona, 2011.

lunes, 4 de mayo de 2020

LA ÚLTIMA LECCIÓN DE TONY JUDT


El último socialdemócrata
Por: Joaquín Prats

En agosto de 2010 falleció el brillante historiador Tony Judt. Tenía 62 años; llevaba dos años sufriendo los demoledores efectos de una esclerosis lateral amiotrófica (ELA). La enfermedad lo convirtió en cuadripléjico, sus músculos se iban destruyendo día a día. Pero su cabeza seguía activa y lúcida. Judt explicaba, con asombrosa claridad, su situación degradante: “Los rasgos distintivos de la ELA son que no hay pérdida de sensación y que no hay dolor. Por consiguiente, al contrario que en casi cualquier otra enfermedad grave o mortal, aquí uno tiene la posibilidad de contemplar a sus anchas y con pocas incomodidades el catastrófico avance de su propio deterioro (…) Esta enfermedad tiene una dimensión enriquecedora: gracias a mi imposibilidad de tomar notas o prepararlas, mi memoria —que ya era buena— ha mejorado considerablemente”.

En estas extraordinarias circunstancias Tony Judt escribió (dictó) dos libros, sus últimas lecciones: Algo va mal (Taurus, 2010; en catalan: El món no s'en surt. La Magrana, 2010) y El refugio de la memoria, (Taurus, 2011) que es una pequeña joya del memorialismo más depurado. Algo va mal está dirigido a los jóvenes, sus amados alumnos, con un fin instructivo y como una llamada a la reflexión y al compromiso cívico. “Me dirijo a los jóvenes, dice Judt, que procuran articular sus objeciones a nuestra manera de vivir” y que como ciudadanos “tienen el deber de mirar críticamente el mundo”.

¿Quién era Tony Judt?. Un gran intelectual y un socialdemócrata antidogmático.  Como señala Peter Kellner, un manojo de contradicciones: un idealista que criticaba con libertad a los que compartían sus ideales; un judío, inmensamente orgulloso de su herencia, que llegó a ser odiado por muchos sionistas; y un socialdemócrata europeo que prefería vivir en los Estados Unidos.

Nació en una familia judía del East End londinense, estudió en el King's College de Cambridge y en esa misma universidad se doctoró años después. Al finalizar sus estudios marchó a Israel “con la fantasía idealista de la creación de un país socialista". Sirvió como conductor voluntario en la Guerra de los Seis Días (1967) que enfrentó a Israel con los países árabes. Desencantado con la causa judía y escéptico del modelo socialista tras sus estancias en los Kibutz, decidió reemprender su carrera académica. Fue aceptado en L’École Normale Supérieure en París, (de esta época son sus interesantes estudios de la historia del socialismo francés). Tras dos periodos como profesor, uno en la Universidad de Berkeley y otro en la Universidad de Oxford, en 1988 fue nombrado catedrático de la Universidad de Nueva York, institución que fue su casa durante el resto de su vida.

De su amplia obra como historiador destaca: Posguerra: Una historia de Europa desde 1945  (Taurus, 2006), crónica monumental del continente europeo en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. El tema fundamental del libro, además de los análisis del periodo, es la constatación de  la extinción de los 'grandes relatos' de la historia europea: la narrativa de la cristiandad,  la narrativa de la grandeza nacional, y la narrativa del materialismo dialéctico.

 Algo va mal no es un tratado de historia, es un manifiesto para los tiempos presentes, una reivindicación de la política y una defensa cívica del estado. En sus páginas reclama un nuevo “consenso socialdemócrata” como el que se realizó tras la Segunda Guerra Mundial que, en palabras de Ralf Dahrendorf, supuso  “el mayor progreso que la historia ha visto hasta el momento”. Este consenso estriba en la idea de crear bienestar, movilidad social y altas cotas de participación política.

Chris Patten, rector de la Universidad de Oxford, en las antípodas ideológicas de Judt, expone las preguntas que subyacen en el libro: ¿Cómo debemos definir el papel del Estado sin pretender que el propio Estado debe hacerlo todo?, ¿cómo podemos restaurar el debate acerca de los valores políticos, que debido a nuestras circunstancias suele ser sólo sobre los costes económicos y beneficios utilitarios?, ¿cómo pueden participar los ciudadanos más jóvenes en la política, habida cuenta lo mucho que los líderes actuales han desacreditado lo que era visto como un ejercicio honorable?.

La respuesta de Judt es clara: “Las repúblicas y las democracias sólo existen en virtud del compromiso de los ciudadanos en la gestión de los asuntos públicos. Sí los ciudadanos activos y preocupados renuncian a la política, están abandonando su sociedad a sus funcionarios más mediocres y venales.” Y ello valorando y respetando lo público frente a la actual opulencia de lo privado. “Si no respetamos los bienes comunes, si permitimos o fomentamos la privatización del espacio, de los recursos y los servicios públicos, si apoyamos con entusiasmo la tendencia de la joven generación a ocuparse exclusivamente de sus propias necesidades: no debería sorprendernos una disminución constante de la participación cívica en la toma de decisiones públicas”.

Algo va mal, a diferencia de otros libros aparecidos recientemente, no es un panfleto que busque la indignación o la rebelión. No es un alegato apocalíptico sino esperanzado. Como señala Antonio Muñoz Molina es “un valeroso manifiesto: una declaración de principios progresistas, una vindicación de la legitimidad de lo público y de lo universal como valores de la izquierda”. Después de su última lección, Tony Judt puede ser declarado el último socialdemócrata…¿o quizá es el primero de una nueva etapa que comienza?.

 Publicado en Escuela el 9 de mayo 2011
Joaquín Prats

sábado, 28 de marzo de 2020

EL PEATÓN de RAY BRADBURY (relato para estos días)


EL PEATÓN

Relato de RAY BRADBURY



Entrar en aquel silencio que era la ciudad a las ocho de una brumosa noche de noviembre, pisar la acera de cemento y las grietas alquitranadas, y caminar, con las manos en los bolsillos, a través de los silencios, nada le gustaba más al señor Leonard Mead. Se detenía en una bocacalle, y miraba a lo largo de las avenidas iluminadas por la luna, en las cuatro direcciones, decidiendo qué camino tomar. Pero realmente no importaba, pues estaba solo en aquel mundo del año 2052, o era como si estuviese solo. Y una vez que se decidía, caminaba otra vez, lanzando ante él formas de aire frío, como humo de cigarro.
A veces caminaba durante horas y kilómetros y volvía a su casa a medianoche. Y pasaba ante casas de ventanas oscuras y parecía como si pasease por un cementerio; sólo unos débiles resplandores de luz de luciérnaga brillaban a veces tras las ventanas. Unos repentinos fantasmas grises parecían manifestarse en las paredes interiores de un cuarto, donde aún no habían cerrado las cortinas a la noche. O se oían unos murmullos y susurros en un edificio sepulcral donde aún no habían cerrado una ventana.
El señor Leonard Mead se detenía, estiraba la cabeza, escuchaba, miraba, y seguía caminando, sin que sus pisadas resonaran en la acera. Durante un tiempo había pensado ponerse unos botines para pasear de noche, pues entonces los perros, en intermitentes jaurías, acompañarían su paseo con ladridos al oír el ruido de los tacos, y se encenderían luces y aparecerían caras, y toda una calle se sobresaltaría ante el paso de la solitaria figura, él mismo, en las primeras horas de una noche de noviembre.
En esta noche particular, el señor Mead inició su paseo caminando hacia el oeste, hacia el mar oculto. Había una agradable escarcha cristalina en el aire, que le lastimaba la nariz, y sus pulmones eran como un árbol de Navidad. Podía sentir la luz fría que entraba y salía, y todas las ramas cubiertas de nieve invisible. El señor Mead escuchaba satisfecho el débil susurro de sus zapatos blandos en las hojas otoñales, y silbaba quedamente una fría canción entre dientes, recogiendo ocasionalmente una hoja al pasar, examinando el esqueleto de su estructura en los raros faroles, oliendo su herrumbrado olor.
—Hola, los de adentro —les murmuraba a todas las casas, de todas las aceras—. ¿Qué hay esta noche en el canal cuatro, el canal siete, el canal nueve? ¿Por dónde corren los cowboys? ¿No viene ya la caballería de los Estados Unidos por aquella loma?
La calle era silenciosa y larga y desierta, y sólo su sombra se movía, como la sombra de un halcón en el campo. Si cerraba los ojos y se quedaba muy quieto, inmóvil, podía imaginarse en el centro de una llanura, un desierto de Arizona, invernal y sin vientos, sin ninguna casa en mil kilómetros a la redonda, sin otra compañía que los cauces secos de los ríos, las calles.
—¿Qué pasa ahora? —les preguntó a las casas, mirando su reloj de pulsera—. Las ocho y media. ¿Hora de una docena de variados crímenes? ¿Un programa de adivinanzas? ¿Una revista política? ¿Un comediante que se cae del escenario?

¿Era un murmullo de risas el que venía desde aquella casa a la luz de la luna? El señor Mead titubeó, y siguió su camino. No se oía nada más. Trastabilló en un saliente de la acera. El cemento desaparecía ya bajo las hierbas y las flores. Luego de diez años de caminatas, de noche y de día, en miles de kilómetros, nunca había encontrado a otra persona que se paseara como él.
Llegó a una parte cubierta de tréboles donde dos carreteras cruzaban la ciudad. Durante el día se sucedían allí tronadoras oleadas de autos, con un gran susurro de insectos. Los coches escarabajos corrían hacia lejanas metas tratando de pasarse unos a otros, exhalando un incienso débil. Pero ahora estas carreteras eran como arroyos en una seca estación, sólo piedras y luz de luna.
Leonard Mead dobló por una calle lateral hacia su casa. Estaba a una manzana de su destino cuando un coche solitario apareció de pronto en una esquina y lanzó sobre él un brillante cono de luz blanca. Leonard Mead se quedó paralizado, casi como una polilla nocturna, atontado por la luz.
Una voz metálica llamó:
—Quieto. ¡Quédese ahí! ¡No se mueva! Mead se detuvo.
—¡Arriba las manos!
—Pero... —dijo Mead.
—¡Arriba las manos, o dispararemos!
La policía, por supuesto, pero qué cosa rara e increíble; en una ciudad de tres millones de habitantes sólo había un coche de policía. ¿No era así? Un año antes, en 2052, el año de la elección, las fuerzas policiales habían sido reducidas de tres coches a uno. El crimen disminuía cada vez más; no había necesidad de policía, salvo este coche solitario que iba y venía por las calles desiertas.
—¿Su nombre? —dijo el coche de policía con un susurro metálico. Mead, con la luz del reflector en sus ojos, no podía ver a los hombres. —Leonard Mead —dijo.
—¡Más alto!
—¡Leonard Mead!
—¿Ocupación o profesión?
—Imagino que ustedes me llamarían un escritor.
—Sin profesión —dijo el coche de policía como si se hablara a sí mismo.
La luz inmovilizaba al señor Mead, como una pieza de museo atravesada por una aguja. —Sí, puede ser así —dijo.

No escribía desde hacía años. Ya no vendían libros ni revistas. Todo ocurría ahora en casa como tumbas, pensó, continuando sus fantasías. Las tumbas, mal iluminadas por la luz de la televisión, donde la gente estaba como muerta, con una luz multicolor que les rozaba la cara, pero que nunca los tocaba realmente.
—Sin profesión —dijo la voz de fonógrafo, siseando—. ¿Qué estaba haciendo afuera? —Caminando —dijo Leonard Mead.
—¡Caminando!
—Sólo caminando —dijo Mead simplemente, pero sintiendo un frío en la cara. —¿Caminando, sólo caminando, caminando?
—Sí, señor.
—¿Caminando hacia dónde? ¿Para qué?
—Caminando para tomar aire. Caminando para ver.
—¡Su dirección!
—Calle Saint James, once, sur.
—¿Hay aire en su casa, tiene usted acondicionador de aire, señor Mead?
—Sí.
—¿Y tiene usted televisor?
—No.
—¿No?
Se oyó un suave crujido que era en sí mismo una acusación.
—¿Es usted casado, señor Mead?
—No.
—No es casado —dijo la voz de la policía detrás del rayo brillante.
La luna estaba alta y brillaba entre las estrellas, y las casas eran grises y silenciosas. —Nadie me quiere —dijo Leonard Mead con una sonrisa.
—¡No hable si no le preguntan!
Leonard Mead esperó en la noche fría.
—¿Sólo caminando, señor Mead?

—Sí.
—Pero no ha dicho para qué.
—Lo he dicho; para tomar aire, y ver, y caminar simplemente.
—¿Ha hecho esto a menudo?
—Todas las noches durante años.
El coche de policía estaba en el centro de la calle, con su garganta de radio que zumbaba débilmente.
—Bueno, señor Mead —dijo el coche.
—¿Eso es todo? —preguntó Mead cortésmente.
—Sí —dijo la voz—. Acérquese. —Se oyó un suspiro, un chasquido. La portezuela trasera del coche se abrió de par en par—. Entre.
—Un minuto. ¡No he hecho nada! —Entre.
—¡Protesto!
—Señor Mead...
Mead entró como un hombre que de pronto se sintiera borracho. Cuando pasó junto a la ventanilla delantera del coche, miró adentro. Tal como esperaba, no había nadie en el asiento delantero, nadie en el coche.
—Entre.
Mead se apoyó en la portezuela y miró el asiento trasero, que era un pequeño calabozo, una cárcel en miniatura con barrotes. Olía a antiséptico; olía a demasiado limpio y duro y metálico. No había allí nada blando.
—Si tuviera una esposa que le sirviera de coartada... —dijo la voz de hierro—. Pero...
—¿Hacia dónde me llevan?
El coche titubeó, dejó oír un débil y chirriante zumbido, como si en alguna parte algo estuviese informando, dejando caer tarjetas perforadas bajo ojos eléctricos.
—Al Centro Psiquiátrico de Investigación de Tendencias Regresivas.
Mead entró. La puerta se cerró con un golpe blando. El coche policía rodó por las avenidas nocturnas, lanzando adelante sus débiles luces.

Pasaron ante una casa en una calle un momento después. Una casa más en una ciudad de casas oscuras. Pero en todas las ventanas de esta casa había una resplandeciente claridad amarilla, rectangular y cálida en la fría oscuridad.
—Mi casa —dijo Leonard Mead.
Nadie le respondió.
El coche corrió por los cauces secos de las calles, alejándose, dejando atrás las calles desiertas con las aceras desiertas, sin escucharse ningún otro sonido, ni hubo ningún otro movimiento en todo el resto de la helada noche de noviembre.

FIN



Título Original: The Pedestrian © 1951. Digitalización, Revisión y Edición Electrónica de Arácnido. Revisión 3.

domingo, 1 de marzo de 2020

MARIO BUNGE, EL SABIO MODERNO



MARIO BUNGE, EL SABIO MODERNO


Joaquim Prats (Catedrático de la Universidad de Barcelona)

“El sabio moderno, a diferencia del antiguo, 
no es tanto un acumulador de conocimientos
 como un generador de problemas” (Mario Bunge)

Mario Bunge falleció en Montreal el martes 25 de febrero a la edad de 100 años. Hace poco tiempo, este importante físico, filósofo, epistemólogo y escritor respondió con humor cuando se le preguntó por el secreto de su longevidad: “La receta es mantener ágil el cerebro. Si uno deja de aprender, el cerebro deja de funcionar. También es importante no fumar, no beber alcohol, no hacer demasiado deporte y no leer a los postmodernos”.




Como se deduce de su respuesta, Bunge fue totalmente enemigo de lo que consideraba el gran obstáculo para la creación de conocimiento: el pensamiento postmoderno. No era el primero en denunciar el desmantelamiento de las ciencias sociales y los desatinos y logomaquias de muchos gurús del postmodernismo. Se alineaba en esta posición con otros críticos como Noam Chomsky, Eric Hobsbawm, George Steiner, Umberto Eco y, sobre todo, con Alan Sokal físico que se alarmaba ante la “difusión de las teorías postmodernas que, aunque no influirían para nada en las ciencias naturales, ya que nunca les harán caso, si en las ciencias sociales”. ¡Y así fue!  

Muchas disciplinas sociales que se estaban construyendo sufrieron los embates de los corifeos de Lacan, Braudrilland, Kristeva, Feyerabend, con su anarquismo epistemológico, y otros. En muchos ámbitos postmodernos se daba por supuesto que las teorías científicas eran meros mitos o narraciones, y que los debates científicos se resolvían mediante la retórica y la formación de coaliciones, siendo la verdad sinónimo de “acuerdo intersubjetivo". Estos autores, con su “pedante artificiosidad” y el deliberado abandono de la ciencia social como “conocimiento” objetivo, fueron el blanco de Bunge que se convirtió en un ariete contra esas formas de entender la ciencia.

Mario Bunge ha sido el gran adalid, casi combatiente, en pro de la defensa de la posibilidad de un conocimiento objetivo en las ciencias que estudian la sociedad. Su principal argumento es muy claro:  el calificativo de científico de un determinado conocimiento no viene dado por la exactitud e inapelabilidad del resultado conseguido en un proceso de investigación. Su condición de científico se deriva del tipo de camino que se ha trazado para conseguirlo, es decir, por la aplicación de un proceso heurístico que esté universalmente aceptado como el hegemónico. Con esta definición general del conocimiento científico es totalmente defendible que las investigaciones sobre la sociedad atesoren la condición de científicas.




A partir de esta idea repartió ácidas críticas, en ocasiones auténticos mandobles, a lo que denominaba en su argot argentino, “macanas”, es decir, disparates, tonterías y mentiras. En el libro: “Las Pseudociencias ¡Vaya Timo!” (2014) lo deja claro: La superstición, la pseudociencia y la anticiencia, señala Bunge, no son basura que pueda ser reciclada: se trata de virus intelectuales que pueden atacar a cualquiera hasta el extremo de hacer enfermar toda una cultura. ¿Cuáles eran las formas contemporáneas de superstición?: “Unas pertenecen al oscurantismo tradicional: fundamentalismo religioso, ciencias ocultas, homeopatía, psicoanálisis (el “psicomacaneo” como él lo define)., etc. Otras al “oscurantismo postmoderno: “pensamiento débil”, retorismo, construccionismo, existencialismo, y la filosofía femenina que considera la ciencia, y en general la racionalidad y la objetividad, como “falocéntricas”. Con estas frases se expresaba Bunge en su lección como doctor Honoris Causa en Salamanca, una de las veinte universidades que lo habían investido con este honor.

Bunge no hacía solo aceradas críticas a los que consideraba responsables de propagar los “virus intelectuales”. Gran parte de sus escritos hacían propuestas positivas y concretas de cómo mejorar la sociedad a través de la promoción de la ciencia. En “Cómo criar y cómo matar la gallina de los huevos de oro” desgrana con ironía los conceptos de excelencia y relevancia de la ciencia para preguntarse, finalmente, cuál es el objeto de la política científica. En este famoso discurso y otros escritos defiende que la solución al atraso de América Latina es la apuesta por la educación y por la investigación.  Para ello, los gobiernos deben fomentar la ciencia básica para alimentar la técnica, invertir más en la investigación y desarrollo, promover la enseñanza a estudiantes de forma gratuita, y que las universidades se preocupen más por el conocimiento y menos por el dinero.

Expresa Bunge con estas ideas su histórica preocupación por la política y el bien común, ligada siempre a su ideal educativo. En su juventud, Mario Bunge, muy posiblemente influido por la figura y la acción política y social de su padre, un congresista de ideas socialistas, escribió una obra titulada “Temas de Educación Popular” (1943) auténtico plan de acción para la creación de escuelas para la formación de obreros y clases populares en general. En su Argentina natal propone una línea de educación técnica diseñando un modelo de centro con todo lujo de detalles. Esta obra predice una posición que se mantendrá a lo largo de los años en las que puede deducirse un modelo de educación no elitista, eficiente y ligado a las necesidades sociales que lo enmarcan.  

Cuando publicó su libro “Filosofía y Política solidaridad, cooperación y democracia integral” (2009), aportó una serie de conocimientos académicos, tanto de filosofía de la ciencia, como de su trayectoria personal. Crecer en Argentina "fue una buena experiencia", cuenta Bunge. "Fui puesto en la cárcel dos veces, no tuve documentos de identidad durante 20 años, (…) en realidad he estado escribiendo este libro toda mi vida”. Aunque para Bunge la política no es una ciencia sino una actividad, valoraba la acción política como un elemento decisivo en el ámbito del progreso llevado de la mano de la ciencia y la cultura.

Un tercer aspecto a destacar es su altura como filósofo de la ciencia, como epistemólogo y como metodólogo. Sus diferencias con Popper, Hayek y, sobre todo, con Kunh lo sitúan en un lugar destacado en el debate sobre la ciencia en la segunda mitad del siglo XX. De sus más de 400 artículos y cincuenta libros hay uno que debe ser citado por ser un clásico en la formación de investigadores, sobre todo de las ciencias sociales. Se trata de “La investigación científica, su estrategia y su filosofía” obra publicada en 1969 que tradujo de manera magistral Manuel Sacristán. “La investigación…” sigue siendo, tras innumerables ediciones, una obra de referencia. 

La idea fundamental que subyace es la descripción del método científico, que no debe considerarse como una lista de recetas para dar con las respuestas correctas a las preguntas científicas, sino el conjunto de procedimientos por los cuales se plantean los problemas científicos y se ponen a prueba las hipótesis.





Mario Augusto Bunge ha sido, posiblemente, uno de los filósofos de la ciencia más importantes del siglo XX. Podría definirse como un materialista, un realista, un sistemista y, sobre todo, como un cientificista. “La acusación de cientificista me enorgullece, dice Bunge. El cientificista es un tipo que sostiene que todo lo cognoscible se puede conocer mejor utilizando el método científico en lugar de la improvisación o de la especulación desenfrenada”.

Es una suerte que lo estafaran cinco veces cuando intentó comprar, en otras tantas ocasiones, unas propiedades (“estancias”) en la Pampa argentina. Como dijo en la UBA durante el acto de presentación de su libro autobiográfico: “Entre dos mundos” (2014), “se perdió un estanciero más y  me tuve que dedicar a la física teórica”. ¡Menuda suerte tuvimos!

Publicado en: LETRA GLOBAL. 1 de Marzo 2020.

Web artículo publicado: https://cronicaglobal.elespanol.com/letra-global/cronicas/mario-bunge-sabio-moderno_322889_102.html



viernes, 4 de octubre de 2019

IMÁGENES DEL IX SIMPOSIO INTERNACIONAL DE DIDÁCTICA DE LAS CIENCIAS SOCIALES EN EL ÁMBITO IBEROAMERICANO





VARIAS IMÁGENES DEL IX Simposio Internacional de Didáctica de las Ciencias Sociales en el Ámbito Iberoamericano Organizado por el grupo DHIGECS y el IDP (ICE) DE LA Universidad de Barcelona. Hoy, 4 de octubre, hemos clausurado el evento con una visita a la arquitectura modernista del el Hospital de Sant PAU.

Se han inscrito más de 150 asistentes de 15 países europeos e iberoamericanos y representantes de más de 28 universidades. El Grupo DHIGECS de la Universidad de Barcelona viene organizando estos Simposios desde el año 2001.




En esta edición, han participado como conferenciantes o ponentes: Jean Bricmont (profesor Universidad de Lovaina, Nicholas James (Director de Estudios en Antropología Social al en la Universidad de Cambridge), Terrie Epstein (profesora de la Universidad de Nueva York), Roberto Fernández (catedrático de la Universitat de Lleida), Ricard Huerta (catedrático de la Universitat de Valencia), Mário Nuno (director del *ICOM Portugal), Ramón López Facal (professor de la Universidad de Santiago) , Fernando Trujillo (catedrático de la Universidad de Granada), Lydia Lydia Sanchez, Joaquín Prats y Joan Santacana, ( los tres de la UB) entre otros muchos ponentes como Concha Fuentes (UB), Alba Ambros (UB), Rodrigo Salazar (U. Bio BIO), Jorge Ortuño (UMU), Ricard Huerta (UV), Gloria Glòria Jové (UDLL), Ilaria Bellati y Isidora Saez (UB) etc.




Los temas del Simposio han sido:
- Innovación, investigación y pseudociencia. Reflexión sobre el estatus científico de la investigación en el ámbito de las Ciencias Sociales.
- Patrimonio, arte y educación: problemas y métodos.
- Enseñanza y aprendizaje de las Ciencias Sociales y la Educación para la Ciudadanía.
- Pensamiento crítico en la sociedad digital: educación mediática y entretenimiento.


En la inauguración ha participado la decana de la facultad de Educación, la Dra. R. Boix, el director del IDP (ICE, Dr. Xavier Triado y el director del Simposio y IP del grupo DHIGECS, el Dr. Joaquim Prats.








Han formado parte de comité organizador, entre otras personas: Concha Fuentes, Isidora Isi Saez Alba Ambrós, Elvira Barriga, Dani Hurtado, Tania Tània Martínez Gil, Laia Coma, Ila RoskaJudit S CodNayra Llonch Molina y Segio Villanueva. La secretaria ha estado formada por Marina Sánchez, Pau Margui y Nieves Vargas



Para mayor información sobre el acontecimiento puede visitar el web oficial del simposio: www.ub.edu/ixsimposiodcs






domingo, 29 de septiembre de 2019

LA PELÍCULA DE AMENÁBAR FALSEA LOS HECHOS DEL 12 DE OCTUBRE DE 1936 EN LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA



LA PELÍCULA DE AMENÁBAR, "MIENTRAS DURE LA GUERRA",  FALSEA  LOS HECHOS DEL 12 DE OCTUBRE DE 1936 EN LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA

Ayer vi la película de Amenábar sobre Miguel de Unamuno. (“Mientras dure la guerra”). Independientemente de su valor fílmico y de la excelente actuación de los actores, especialmente de los que representan a Unamuno, Franco y Millán Astray, hay que señalar que el asesoramiento histórico es muy deficiente.



Los hechos que se relatan están muy escorados a problemáticas actuales y algunos, como los ocurridos el día de la Raza en paraninfo de la Universidad de la que era rector no solo no son exactos  sino que todo apunta a que no sucedieron como se relata. Allí, según la película, Unamuno de dijo aquello de “venceréis porque tenéis la fuerza bruta pero no convenceréis”. Y Millán respondió “Viva la muerte, abajo la inteligencia”. 

Pero el enfrentamiento no se debió a las supuestas palabras que han trascendido, sino a otras referencias sobre temas no ligados a la Guerra Civil que hizo Don Miguel. La versión que se ofrece en la película es la que elaboró seis años después de los hechos (1941) el profesor exiliado en Londres, Luis Portillo, que no estuvo presente en el acto y que tuvo noticias por la prensa francesa y republicana que elaboraron la noticia de oídas. Escribió un relato literario para la revista británica Horizon en el que reproducía el supuesto discurso de Unamuno en un paraninfo exaltado con un final en el que se llegaron a desenfundar pistolas. Hugh Thomas reprodujo en su libro esta versión y ello fue el inicio del éxito de esta descripción del hecho. El texto que escuchamos en el film es el que se reproduce en la edición del libro “La Guerra Civil Española” de ese autor publicado por Ruedo Ibérico en 1961 (cap. 42). También apoyan esta versión dos hispanistas franceses que han escrito una biografía de nuestro gran autor: Colette y Jean-Claude Rabaté  En el torbellino. Unamuno en la Guerra Civil, Madrid, Marcial Pons, 2018.

Seguramente Portillo elaboró este relato para acercar a Don Miguel a la causa de la República, dado que este profesor había conocido y admiraba a nuestro hombre que era un intelectual conocido en Inglaterra, lugar donde residía por aquellos días Portillo. 

En realidad, es imposible reconstruir las palabras de Unamuno porque, aunque el acto se retransmitió por la radio, el rector habló sin micrófono y no se registró su intervención, por lo que es imposible conservar un discurso de esa longitud con los posibles testimonios presenciales. Pero es que, además, los testigos no explican así lo ocurrido. Los tres testimonios presenciales publicados son los de Eugenio Vegas Latapié, dirigente de Renovación Española; el de José Pérez-López Villamil, psiquiatra de Millán Astray, y el de Esteban Madruga, vicerrector con Unamuno.

¿Cuál fue el incidente? La versión más documentada es la del historiador Severiano Delgado, en un trabajo titulado: “Arqueología de un mito: el acto del 12 de octubre de 1936 en el paraninfo de la Universidad de Salamanca” (Mayo de 2018)

¿Qué explica el historiador Delgado?  El incidente, que sí que existió, lo creó Unamuno al citar elogiosamente al líder de la independencia filipina José Rizal en un acto, el 12 de octubre, día de la Raza. Ello provocó la ira de Millan Astray, veterano de aquella guerra, que gritó “Muera la intelectualidad traidora”. Hubo un tumulto de voces, y el profesor Bermejo dijo en voz alta: “Aquí estamos en la casa de la inteligencia”. No hubo réplica ni solemnidad y el acto se disolvió con algunos gritos de militares que abuchearon a Unamuno hasta el automóvil, donde fue despedido por Millán Astray y el arzobispo Enrique Plá y Deniel.

Se ha exagerado el dramatismo de lo que sucedió allí. Una posible prueba de que Unamuno no lo vivió como algo trascendente fue que, al terminar, siguió su rutina diaria y apareció por el casino para tomar café después de comer, como hacia siempre. Allí, algunos contertulios le insultaron produciéndose una situación tirante, hasta que su hijo Rafael, avisado telefónicamente por alguien, se presentó en el casino para proteger a su padre y llevarlo a casa. Es cierto que la posición de Unamuno tuvo consecuencias ya que fue cesado como concejal del ayuntamiento de Salamanca y, días después,  como rector.



También es discutible el contenido de la entrevista de Unamuno con Franco basada en un relato de un periodista francés en noviembre de ese año. Aquí si que  la versión del director es libre, ya que lo que se habló no es conocido con un nivel mínimo de fiabilidad. Mucho menos probable es la destacada influencia de Millán Astray en las reuniones de la Junta Militar, o la decisión personal de Franco del cambio de bandera. Según mi opinión, estas son cuestiones menores que se deben a la creatividad de los guionistas.

Considero que Amenábar no ha hecho bien su trabajo de asesoramiento histórico o bien que eha elaborado una historia interesado en el efectismo dramático de la escena final de su película. Pero claro, es una pelicula comercial que se puede permitir lo que quiera en su relato. Lo malo es que pretende tener visos de fiabilidad histórica según las declaraciones del director.

Lo dicho ni empequeñece ni afecta la gran consideración que hay que tener por el gran poeta, novelista y pensador que fue Miguel de Unamuno. Nunca estuve de acuerdo con Joan Fuster cuando nos decía que Unamuno era la Conchita Piquer de las letras españolas.